En la tradición, la piedra ocupa un lugar de calidad. Existe entre el alma y la piedra una relación estrecha. Según la leyenda de Prometeo, procreador del género humano, hay piedras que conservan un olor humano. La piedra y el hombre presentan un doble movimiento de subida y bajada.
El hombre nace de Dios y retorna a Dios.
El hombre nace de Dios y retorna a Dios.
Su valor sagrado se debe exclusivamente a ese algo o a ese otro lugar, nunca a su existencia misma. Los hombres han adorado las piedras tan sólo en la medida que representa algo distinto de ellos. Las han adorado o las han usado como instrumento de acción espiritual, como centros de energía destinadas a su propia defensa o a la de sus muertos… las piedras relacionadas con el culto eran utilizadas como instrumentos: servían para obtener algo, para asegurarse la posesión religiosa. Poseían ciertas virtudes sagradas debidas a su origen o a su forma, y más que adorarlas, eran utilizadas. (Eliade, 2000:333).
Socorro Cardenas













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